«Ciudad es ante todo plaza, ágora, discusión, elocuencia. De hecho, no necesita tener casas, la ciudad; las fachadas bastan. Las ciudades clásicas están basadas en un instinto opuesto al doméstico. La gente construye la casa para vivir en ella y la gente funda la ciudad para salir de la casa y encontrarse con otros que también han salido de la suya». Ortega y Gasset

Humana, viva, un ente que respira, que se mueve, que trabaja, sueña y se divierte; esto es la ciudad. Consecuentemente, el ecosistema de agentes que intervenimos en el entorno del desarrollo urbano no debemos olvidar que algunas de las primeras ciudades que construyó el hombre, hoy se encuentran en alguna de las zonas de mayor conflicto del planeta. Una de esas ciudades es Alepo, destruida por completo; Jerusalén, en su caso, se asemeja a un muñeco de goma estirado por dos niños caprichosos. Pero incluso con todos los fracasos, desigualdades y problemas a los que nos enfrentamos en los entornos urbanos debemos pensar en la ciudad como un caso de éxito de la humanidad. Un éxito de la cooperación y la colaboración.

«La verdad central que hay detrás del éxito de las ciudades y el motivo primordial por el que existen las ciudades es la fuerza que emana de la colaboración humana, para entender nuestras ciudades y comprender qué hacer con ellas tenemos que aferrarnos a esas verdades y desprendernos de mitos nocivos». Edward Glaeser-El Triunfo de las Ciudades

Y esto somos, una entidad compleja que requiere de la colaboración como un activo fijo en su planificación. La Agenda Urbana mira con inteligencia hacia esa necesidad.

La Agenda Urbana es una herramienta de reflexión y planificación ante los grandes retos a los que nos enfrentamos: ambientales, sociales, económicos y tecnológicos, que no se pueden abordar desde una óptica individual y que requieren de una planificación multinivel que integre a todos los actores. La cooperación público-privada, la necesaria visión compartida de las diferentes administraciones que actúan sobre la ciudad, los colectivos ciudadanos… todos y todas nos debemos comprometer en este proceso, que implica desde el más pequeño gesto de reciclaje hasta el diseño de la infraestructura más compleja.

Subrayando esta necesidad de colaboración, considero fundamental el papel de los ayuntamientos. Las administraciones locales son la última milla de la administración; aquella más cercana, muchas veces relegada competencialmente y en recursos. Es el momento de que los ayuntamientos asuman un papel de liderazgo y transformador. Ante el debate de la falta de recursos, les estimo con la fuerza suficiente para abordar un cambio de paradigma en las forma de hacer y de relacionarse con los ciudadanos.

Las administraciones locales deben apostar por ser emprendedoras e innovadoras para afrontar este cambio. De hecho, lo son. Contamos con muchos ejemplos. Sin embargo, debemos dar otra vuelta de tuerca para pasar a jugar un papel clave en la respuesta a los retos a los que nos enfrentamos como sociedad. La mayoría de los mismos los responderemos desde la ciudad. La fusión de herramientas como la Agenda Urbana y las Políticas para la Innovación pueden dotar a la ciudad de una fuerza imparable en esta transformación.

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